viernes, 10 de abril de 2009

Días de penitencia e infamia

La mediocridad es un licor harto indigesto. Te despiertas al frío de la lluviosa madrugada y te preguntas a qué leches has venido a este mundo. Si a dar una vuelta y quejarte mientras llevas a cabo tan prescindible cometido o qué.
Vas al baño y te autoprometes por enésima vez que te harás una camiseta que ponga “Di NO a la comida basura”, y que la sudarás y sólo te la quitarás cuando la operación bikini ‘detox’ haya concluido.

¿Ven a lo que me refiero? Básicamente me mueven las banalidades, el resto, me da bastante pereza, me produce hastío. Retraso las decisiones, los pasos importantes, luego me lamento por ello, el estómago y el cerebro me dan punzadas de alarmante culpabilidad, luego espero a que la Luna llena asome entre los chubascos, un Poleo Menta y a dormir. Mañana te espera otro día. Quizás. Veremos qué hacer.

Creo que no es la primera vez que hablo del intrusismo de la sociedad civil en el periodismo. Y me temo que no será la última. Comprendo que es difícil hacer un diagnóstico más allá de las nociones que adquirimos vía House, y que a la hora de cuestionar temas de ingeniería, por ejemplo, somos bastante cautos y comedidos.

Sin embargo, en plena eclosión del “yo, periodista, y de prestigio”, todos son legítimos de cuestionar, menoscabar y mejorar el trabajo del periodista. Ya no sirve con ser el chivo expiatorio del mundo, ahora hay que desplazar a los pringados titulados de su puesto. Cámara de 100 euros en oferta del Media Markt en mano y ala, ¡a adentrarse en la noticia!

No sé el por qué de esta difamante y amenazadora introducción, la verdad, porque a mí, personalmente, todo esto del periodismo ciudadano me parece ‘debuti’. Lo que no soporto es que perfectos desconocidos con máster en ‘radio patio’ me asesoren.
Por ahí no paso. Consejos, los justos y necesarios de familiares y conocidos registrados. Gracias.
Comentarios morbosillos e insulsos, absténganse. De verdad. Por favor. Creo que me lo puedo ahorrar.

Parece que a este colectivo digamos, ‘intrépido’, le encanta preguntarte por tu vida profesional, en apariencia con la más inocente y bondadosa intención, para dar paso luego a una serie de consejos, exclamaciones y caras de sorpresa en mi opinión aberrantes y del todo desmotivadoras.
Creánme, no es vinagre todo lo que supuro. Sé distinguir –o al menos eso creo-, una preocupación real y bienintencionada por mi incierto futuro del puro cotilleo que mueve el más falso asesoramiento periodístico.

Sobre todo porque como soy apestosamente influenciable, estos comentarios y preguntas indiscretas, por descarados y descorazonadores que sean, siempre me hacen plantearme semejante cuestión incómoda y peliaguda: ¿Hasta qué punto puedo culpar a la crisis de mi infértil situación laboral? Es decir, ¿realmente estoy haciendo lo suficiente por encontrar trabajo? ¿O acaso he cogido postura en el sofá de la queja fácil y constante y me limito a ver las Lunas pasar?

Luego todo esto se me pasa, como las indigestiones de comida basura. Cuántas vidas habrá salvado un ‘poleo’ a tiempo. En fin.
Como decía, se me hace notoriamente insoportable cómo la vecina del quinto o el conocido del conocido del colega de ese desconocido mío me ‘asesoran’ sobre mi futuro (e irritante presente) profesional de una manera espontánea y temeraria:

  • - ¿Ya has terminado de estudiar? (Estoy segura de que pasarán eones y algún asesor periodístico-financiero despistado me preguntará lo mismo. ¡Que es Periodismo de corta y pega, Par Dieu!...)
  • - ¿Ya estás trabajando? (La incisiva en cuestión se hace más insoportable cuando al de una escasa semana te vuelven a hacer la misma pregunta y se sorprenden, haciendo una perfecta sobreactuación facial, de que aún no has encontrado un empleo. ¿Os suena la palabra crisis? O mejor aún: ¿Por qué no me preguntáis por el tiempo y/o os metéis en vuestros asuntos? ¡No soy ese sudoku que se os resiste! ¡Estoy a un paso de convocar una de esas esperpénticas ruedas de prensa en las que no se admiten preguntas).
  • - ¿Has pensado en hacer algún máster o algo? (Sí, claro que lo he pensado, gracias por recordármelo. He de admitir que esta es una de la preguntas que mejor tolero, después de todo).
  • - ¿Y no has ido a echar ningún curriculum? (¿Y qué chdbcnx te hace pensar que no he hecho algo tan obvio y elemental, mi querido Watson?).
  • - ¿Y no te han llamado de ningún sitio? (Misma expresión que en cuestión nº2. Por cierto, ¿no había otra manera más sutil de cuestionar mi talento sumergido?).
  • - Pues tendrás que moverte, ¿eh? (¿En serio me lo dices?).
  • - No es por desanimarte... pero la cosa está muy mal (Gracias por los ánimos y por tan valiosa percepción de la realidad. Francamente, yo no me había percatado).

Pero de entre todas las cuestiones, reflexiones, consejos, tesinas, ánimos y desánimos, la mejor vertiente de todos los cuestionarios posibles, es sin duda, este botón:

- ¿Qué habías estudiado?
- Periodismo (tono melancólico, semiavergonzado, rozando el gas lacrimógeno).
- ¡Ah! ¡A ver si te veo pronto en ‘Dónde estás corazón alioli’!

Rezo porque ese día llegue.

Voy a prepararme un ‘poleo’. Comienza la operación ‘detox’.

2 comentarios:

Lucía Martínez Odriozola dijo...

Pues yo te diría: 'Ah, ¿has estudiado Periodismo? Ejércelo. Qué buena oportunidad para mirar, ver y contarlo'. Y luego te diría que te levantes todos los días como si fueran el primero y que no aparques afán alguno.

Amaiasan dijo...

Pues eso es precisamente lo que me gustaría escuchar más a menudo, así que, ¡bienvenido sea el comentario!
Un saludo y gracias,