
Cada vez que salía el sol le entraba la prisa, como si temiera que de un instante a otro fuera a llover. "Se está nublando por allí". Y corría a descolgar la ropa. Siempre precabida. Corría a pasear, a disfrutar de los breves y escurrizos rayos de calor que podían desaparecer en cualquier momento.
Y lo cierto es que sus pronósticos nunca fallaban. Siempre acertaba. Incluso cuando no había ningún indicio de que el dia fuera a torcerse, ella estaba alerta. Mientras, en la ciudad la gente miraba con indiferencia el sol, protegiéndose con gafas y gorras. A nadie le interesa especialmente la continuidad del sol un triste dia de "entre semana". Pero ella era diferente, podía parecer algo paranoica, sí; pero nunca me atreví a poner en duda sus predicciones metereológicas.
Cuando los nubarrones comenzaban a juntarse estratégicamente con el objetivo de conspirar contra el sol, entonces ella se ponía aún más nerviosa. Entonces actuaba de una manera presuntamente irracional. Caminaba a toda prisa, segura de sí misma... Nunca supe a dónde se dirigía, nunca la seguí.
Quizá caminara hacia ninguna parte. ¿O querría tal vez alcanzar el Infinito para estar siempre cerca del sol?