¡Porque el polen y el mercurio nos anuncian que ya es primavera, al menos en El Corte Inglés!
Los días pasan rápidos y estériles, sin noticias del INEM (ni de nadie)... No prestaciones, no party. No hay cursillos de macramé que valgan.
Creedme, a mí también me gustaría atragantarme menos y ser confortablemente más dulce.
Y no penséis que no me esfuerzo en subirme al carro del optimismo, lo que pasa es que se desvía demasiado hacia el abismo, cosas del marketing y de las maquiavélicas grandes superficies. Tarareo, entre exabrupto y exabrupto, "such, suuuuch a perfect day... oh, yeah".
Me viene a la mente mi madre, contando a los familiares por enésima vez lo graciosa que estaba yo de pequeña contando "telediarios" a desconocidos en la sala de espera del médico. ¿Sólo una anécdota?
Resisto un día más en mi 'anti-social' cabezonería sin unirme al fenómeno fan de las redes sociales. Pero no creo que tarde mucho en desdecirme. Mis principios son como flanes Dhul, tambaleantes, de huevo y mala, muy mala leche.
Ayer tuve la ocasión de disfrutar de una buena película: ‘Rescate al amanecer’. El reclamo era mi amadísimo Christian Bale, y la verdad es que no defraudó. Además, resultó ser un filme deliciosamente entretenido, con unos guiones chirriantes a la vez que desquiciantes. Sublime. Pongo especial énfasis a una escena en la que Bale y sus compañeros de prisión consiguen escapar de una sucia cárcel de bambú y piojosidades (no he desvelado mucho, creánme). Una vez en la frondosidad de la salvaje jungla, uno de sus colegas porta una metralleta con munición recién cargadita y todo. El tío está bastante loco tras un cautiverio de algo más de dos años, lo cual es bastante comprensible por otra parte. Lo llamativo y trágicamente cómico es que, una vez liberado y con un arma como garantía de supervivencia, el tipo se vuelve majareta del todo y no para de repetir que no sabe a dónde ir:
- No tengo buena puntería... ¿A dónde voy a ir yo aquí?.... ¿A dónde voy a ir yo? – susurra entre risas desesperadas.
Bien, el pobre desgraciado me recordó una situación muy cercana. La mía. Mi estatus socieconómico-psicotrópico actual. En vez de un fusil, yo porto un título vagamente homologado en una mano y en la otra, el título del EGA. Con eso tapo mi desnuda e inocente inexperiencia.
De la puerta del mercado laboral cuelga un cartel que reza: “Pasen sin llamar”. Doy un tímido y tambaleante paso adelante y ahí estoy yo. En el felpudo. Sin saber qué hacer. Para donde tirar. A qué puerta llamar. En qué máster derrochar el dinero.
No tengo buena puntería... ¿A dónde voy a ir yo?
Mientras tanto, una se entretiene leyendo los periódicos. Porque exacerbarse también es una manera de sentirse viva. Parece ser que al Gobierno de Gordon Brown no se le ha ocurrido otra cosa que destinar una partida de unos 14 millones de libras a prestar ayuda “psicológica” a aquellos diablos afectados por la crisis. Vaya. Qué freudianos. Qué bonachones y qué innovadores los de la flema british.
Quizá me tilden de conservadora ultracapitalista neo-nazi, pero me arriesgaré de todos modos y preguntaré al aire: ¿No sería mejor manejar esos milloncejos de una manera más práctica? ¿Como algo que se hace llamar “creación de empleo”, quizás? ¿O tal vez ayudas sociales? ¿Para qué queremos una mente sana y positiva si no tenemos psicólogo que llevarnos a la boca? ¡Fish and chips para todos!, digo yo, en un arrebato de insana cordura.
En fin, qué se puede esperar de un tipo que alaba la ‘hazaña’ de la cancerosa de Gran Hermano que ha sacado rentabilidad a su desgracia.
Soy una ingenua, lo reconozco. Una maldita ingenua. Pensaba yo que cumplía de sobra los requisitos para optar a una beca para estudiar inglés en el extranjero y resulta que la beca de movilidad que obtuve el año pasado –bendito año de frenética actividad-, no es ‘la beca’ que ellos piden entre sus –infinitamente injustos y nada progres-, requisitos. ¿Dónde está el talante, señor Zapatero? ¿Dónde están las ayudas a los estudiantes, y muy concretamente a las ‘jóvenas’ como yo? ¿Acaso os es suficiente con el símbolo de la cejita-Bambi? ¿Dónde quedan la igualdaz, la solemnidaz, la honradezzz?
Mientras, la bruja Lola pronostica por enésima vez el fin del mundo, y poco a poco, sus previsiones se están cumpliendo. Dentro de un escaso año, el club selecto de parados ascenderá a los 4,5 millones. Esto es un no parar. Crisis. Crisis. Y más crisis. Hasta los ‘oteros’ reivindican sus ‘derechos’. Reclaman una jornada laboral de 35 horitas semanales y un sueldo mayor que el de, atención señoras y señores, ¡1.000 euros!. Justificación: “Hay trabajadores jóvenes que tienen que pagar una hipoteca”. Es decir, que en un afán de desvergonzada desfachatez, reivindican delante del ayuntamiento y con la cara y el uniforme fosforito bien altos que quieren pasear menos y cobrar más.
Agárrense los machos y pongan el asiento en posición vertical. Perdemos presión.
Parece que mil euritos por pasear y poner multas y cepos y joder –no se me ocurre un verbo más correcto-, al prójimo no es suficiente. Dejo de escribir sobre esto porque el número de improperios iría en aumento y sólo conseguiría afear mi escritura sutil, poética y sensible.
Concluyo brevemente diciendo que hay dos tipos de especies no humanas por las que mi conciencia solidaria de verde-Greenpeace no derramaría ni una triste lágrima de cocodrilo: los mosquitos y los oteros. La avaricia rompe vuestro saco. Dejad de chupar sangre.
Por fin, una noticia agradable: “Más de 650 altos cargos temen por su puesto si el PNV sale del Gobierno Vasco”.
Jou, jou, jou.... ¡Temblad, estómagos agradecidos, temblad! Por cierto, ¿sólo 650? Se han quedado bastante cortos, doy fe. Sólo hay que mirar alrededor.
--12.30 horas.- En VITORIA, 'I Fiesta del cordero de leche con euskolabel'. En la Plaza del Machete.
No sé ustedes, pero yo no me lo pierdo. O quizá sí. Al fin y al cabo, yo ya sé que Norit es vasco. --17.00 horas.- En BARAKALDO, reparto de empanadas y petición de voto a la comunidad inmigrante...
Pan y circo, señores, pan y circo. Una empanada = un voto. Desde la perspectiva de un político pastelero, suena rentable.
A veces no sé si me drogo inconscientemente, tal es mi estado de incredulidad y de incomprensión... vivo en un estado de LSD pedante-permanente. Todo me parece tan inverosímil como difícilmente soportable. Y nadie dice nada. O quizá lo digamos muy bajito, para nuestros adentros. Las manifestaciones son vacías. La misma consigna para un concierto, para una concentración, para una lápida y para un partido de fútbol.
Hablando de fútbol. Si yo fuera una indigente, iría a los aledaños de un estadio donde dormitan durante horas –días-, los forofos con el fin de conseguir una entrada para ver el “partido del siglo”. Qué simpáticos. “Pasarán frío esta noche”, dice el reportero de televisión, entrado en añitos, por cierto... ejem... dejemos paso a los periodistas imberbes, ¿no, viejo? ... ju, ju... ¡Qué bien sienta soltar improperios, tan incorrectos, tan aliviadores!...
He perdido el hilo, y desde hace tiempo. ¡Ah, sí! El mendigo regañando a los pobres tontainas que “pasarán frío” y pagarán una burrada para ver a su partido, o a su grupo de rock... o aún peor: para pasar las pruebas del casting del casting del macrocasting del reality de turno.
¿Y qué me dicen del nuevo reporterismo de súpermegainvestigación? Formato ‘21 días’. Así que paso 21 días sin comer y ya puedo trasladar el drama de la vida de una anoréxica. Así de fácil. Eso sí, con rigurosidad objetiva y sin ningún afán de protagonismo, ¿eh?. Mi ayuno sólo pretende iluminar a la verdadera protagonista: la anorexia.
Claro. Me pregunto cuál será la próxima edición de este programa. Ardo en deseos de descubrirlo. ¿‘21 días a 21 gramos’? Buen título, jugando con títulos cinematográficos y demás, qué despliegue. 21 días colocándote, para adentrarte en la vida de un yonki tipo. Crack. Heroína. Morfina. Bótox.
El del McDonalds ya está hecho, así que no tiene gracia. Pensemos más opciones... sin olvidar el share, claro está... A ver, a ver... ‘21 días en la vida de un político corrupto’, repartiendo comisiones a diestro y siniestro en un ayuntamiento cualquiera; o ‘21 días en la vida de un invidente’ –que no ciego-, tapándome los ojos con una venda y haciendo el paripé con el braille, ‘21 días superando barreras arquitectónicas’, me siento en una silla de ruedas y así investigo y acerco al televidente la dura jornada diaria de un minusválido.
Y, finalmente, el que no puede faltar: ‘21 días sin papeles’. Sencillo y de bajo presupuesto. Rompo mi DNI y todos mis ataduras burocráticas –qué sensación de libertad tan obscena...- , y sigo cual sombra puñetera el día a día de un ‘mantero’: esquivando a la poli, a Teddy-me-reservo-todos-los-derechos-Bear, Bustamante... ¡uf! ¡Qué duro es el periodismo de investigación! ¡Y está cámara oculta es costosa de ocultar! ¡Maldita sea! Al final del día, acompaño al mantero a un acto electoral donde reparten empanadas y tarta de manzana a precio de ganga: un voto. Mi amigo el ‘mantero’ coge la empanada y se larga. Fade out y pasamos a publicidad.
En fin, son sólo ideas sin sentido y de dudosa decencia moral. ¿Pero qué ingredientes abundan en la televisión hoy en día? Precisamente esos, aliñados y con un poquito de perejil.
Doy fin a mi sarta de blasfemias con algunas citas ineludibles para aquellos reporteros sin fronteras ávidos de jugosas noticias. Ahora que somos pobres e independientes, ¡que no decaiga el espíritu freelance!
--10.15 horas.- En VITORIA, la diputada de Agricultura, Estefanía Beltrán de Heredia, informará sobre medidas contra el mejillón cebra. --11.00 horas.- En VITORIA, la presidenta del CEA, Alba Cañadas, firmará un convenio para la creación del 'Observatorio de la bicicleta'. En el Ayuntamiento. --19.00 horas.- En URTURI, charla sobre 'Semillas de colza y girasol'. En el Campo de Golf.
No, no me lo he inventado. La verdad está a un clic.
Pie de foto: 'Cerro de la favela', de Tarsila Do Amaral. Gracias.